TU COACH, MAIKE E. SOMMER

¡UN PLACER CONOCERTE!

Si has llegado a esta página, probablemente es porque quisieras saber más sobre mi trayectoria. Aquí encontrarás un breve resumen de mis cualificaciones profesionales y mi experiencia, y te contaré cómo llegué a trabajar como Coach.
Nací en Alemania y estudié lingüística española y francesa, literatura y sociología en Bielefeld y Alicante en los años noventa. Tras licenciarme, trabajé en varias empresas internacionales y aprendí mucho sobre marketing, comunicación interna y externa y creación de equipos.

Hace 23 años, me mudé a una pequeña ciudad holandesa junto al mar, donde disfruté viviendo durante diez años y que recuerdo con gran cariño. Durante este tiempo, creé mi propia agencia de traducción y empecé a trabajar como traductora autónoma para cinco idiomas, al principio para particulares y pronto para agencias de traducción reconocidas y clientes finales.
En 2011, finalmente di el paso y me mudé a mi actual país de adopción, España, donde sigo viviendo.

Tras 20 años ejerciendo el trabajo de mis sueños como traductora y dedicándome a mi gran pasión por los idiomas y la comunicación, poco a poco se fue instalando en mí una especie de fatiga profesional. Ya no disfrutaba realmente de mi trabajo, me sentía cansada, quemada y aburrida y casi sólo funcionaba en modo piloto automático.
Empecé a dejar las cosas en segundo plano y a pasar cada vez más tiempo en Internet, aunque no me interesaba realmente lo que miraba. Dormía mal, estaba desconcentrada y tensa. Para cumplir los plazos, a menudo tenía que trabajar de noche, los fines de semana y los días festivos, e invertir cada vez más tiempo en mis traducciones para poder ofrecer a mis clientes la calidad a la que estaban acostumbrados. Me di cuenta de que lo que me faltaba era el «sentido» en mi trabajo. Ya no me satisfacía traducir páginas web, documentos de marketing o material de formación para empresas, todo me parecía superficial y vacío.
En ese momento, empecé a hacerme preguntas: pensé en lo que aún quería conseguir, qué haría si no hubiera restricciones, qué área me atraía especialmente, qué talentos tenía y qué dirección profesional encajaba mejor con mis valores.
La respuesta era siempre la misma: quería trabajar con la gente, ofrecer apoyo, contribuir y hacer algo que pudiera marcar la diferencia para las personas. ¿Y si me convertía en Coach?

Pero todo eso significaría empezar de nuevo a los 52 años. Por supuesto, la idea me asustaba, pero al mismo tiempo podía volver a ilusionarme con algo, todas las piezas del rompecabezas encajaban y la decisión ya estaba tomada en mi interior antes de que me atreviera a decirla en voz alta. Caminaba por la delgada línea que separa la pasión del pánico y me di cuenta que necesitaba los dos para conseguir mi objetivo.
Tardé varios meses en encontrar una escuela que cumpliera todos mis requisitos. Como el título de Coach no está protegido, se ofrecen innumerables talleres y seminarios de fin de semana («Conviértete en coach en 3 días») que prometen enseñar en el menor tiempo posible a los estudiantes a adquirir todas las cualificaciones necesarias para apoyar a personas en situaciones difíciles. Personalmente, no creo en este tipo de cursos acelerados porque, en mi opinión, se requiere una formación exhaustiva e intensiva para cumplir con la responsabilidad que tienes hacia los Coachees.
Por eso busqué deliberadamente una academia y un programa de formación que estuvieran acreditados por la Federación Internacional de Coaching (ICF) y se atuvieran estrictamente a su código ético. Me decidí por la Academia de Coaching InnerKey de Madrid, donde desde entonces he obtenido mi Máster como Coach Profesional Transpersonal y Ejecutivo. Actualmente trabajo para la Academia, guiando a futuros Coaches a través de su proceso de Coaching individual y como Coach autónoma.

LINGÜÍSTICA, SOCIOLOGÍA Y COACHING TRANSPERSONAL

Aunque al principio pensaba que mis tres especializaciones no tenían mucho en común, he llegado a entender el valor que añaden mis conocimientos lingüísticos y sociológicos a mi trabajo como Coach. Tanto la lingüística como la sociología se centran en la interacción humana.
El análisis de la comunicación en la lingüística, por ejemplo, estudia qué nos pueden revelar el lenguaje y las formas de expresión no verbal sobre la persona que habla. La elección de palabras, el tono de voz, los gestos y las expresiones faciales nos dicen mucho sobre las emociones que despierta un tema, la relación con las personas de las que se habla o el interés real que se tiene por un asunto. Miradas, silencios, pausas, posturas corporales… todo tiene un significado.
También los modelos de interacción en la sociología se ocupan del comportamiento humano en situaciones sociales. Nos ayudan a identificar reglas implícitas, patrones y roles sociales, y a entender por qué la comunicación fluye… o por qué fracasa.
Ambas disciplinas me permiten, en la práctica del Coaching, leer entre líneas, captar matices, percibir dinámicas y así comprender mejor qué es lo que realmente está moviendo a l@s Coachees – incluso cuando ell@s mism@s aún no lo pueden expresar con claridad. Esto facilita abordar bloqueos internos, temas no verbalizados o patrones relacionales que se repiten, entre otras cosas.

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MAIKE ELISABETH SOMMER